Archivos de la categoría ‘Crítica libros / cine’

Publicado por Tormento el 7 de septiembre de 2008

Nunca tuve un poster del Che. Nunca tuve una camiseta del Che. Nunca me interesó un pito la revolución castrista, ni la Sierra Maestra. Cuando la crisis de los misiles, servidora no estaba «ni en la mente del Señor». Fidel y sus discursos de cinco horas vendiendo cacerolas eléctricas como un vendedor de mantas zamoranas es todo mi contacto lejano con lo ocurrido en Cuba a finales de los 50. No sé nada del Che, más allá de su careto recurrente y de su afición por las revoluciones. Si el tiempo es escaso, mi escaso tiempo prefiero dedicarlo a otra cosa que a leer biografías del Che.

Consciente del anatema de importarme un pito el Che, agradecí a  Soderbergh que me vendiera la historia de Ernesto Guevara en fascículos coleccionables, ahora que me puedo hacer con los «Rosarios del Mundo» con periodicidad semanal. Pues la hemos vuelto a jorobar, porque como no te vayas a ver la peli como el devoto que se va a Lourdes, lleno de convicciones, fe y conocimiento, acabas hasta la punta del florete de tanta sierra y de tanta evolución entre matojos sin que te cuenten de manera concreta los hechos que ocurren y su trascendencia. No me refiero a escenas tipo Rambo, me refiero a un hilván que permita tanto al que sabe como al que no, salir del cine sabiendo más o saboreando lo sabido.

Alguien me dirá «¡Es que al cine no se va a aprender!». Pues bien, tampoco se va a entretenerse porque la película es un coñazo de colores. Ni Benicio que está sólido, perfecto, hace que el rafting, las batallas urbanas (es un decir lo de urbano) y los actos de «ego te absolvo» del Che sean soportables. Es tan bueno y tan íntegro y la película tan aburrida, que te dan ganas a la salida de hacerte skinhead.

Todo ello, con el debido respeto al Sr. Meneses.

Publicado por Tormento el 31 de agosto de 2008

Ausencia de viento, rumbo al cine, encallamos en la isla Hellboy poblada de abundante fauna autóctona, bizarra, colorista, pero de diálogo repetitivo y poco interesante.

La capitana anotó en su libro de bitácora: «Miré a sotavento convencida de que, entre tanto fulgor, me esperaría eldorado. Bien erré en mis apreciaciones, cuan sutil es el engaño que se esconde tras tanto artefacto. No pudiera afirmar que lo visto fuera de escaso talento, empero no alcanzó a calentar mi corazón. Lo más emotivo que mi vista avizoró fue tremenda tajada de dos seres de colores como la enseña de la pérfida nación francesa,  que mucho me alegró el alma y en maltrecho estado dejó mi caja de palomitas.

Nada más reseñable en esta isla, pareja a otras muchas, plena de infieles y aletargados guionistas. Va haciendo mella en la tripulación el agotamiento. Temo un motín. Encomiendo mis escasas fuerzas a Nuestra Señora de Todos los Cortos, para que me guíe y acompañe en esta dura búsqueda de la peli perfecta».

Publicado por Tormento el 29 de agosto de 2008

El ocio, como el turismo, es algo muy duro: si quieres pasarlo bien hay que trabajar un huevo. Y yo ya no estoy para esos trotes, ando escasa de disciplina. Será porque he abusado de ella y ahora me toca pasar al momento jamaicano de mi vida. Por eso me obligo a no trabajar ¡ando agotá!.

Cuando la planificación te falla y el calor te tuesta hay dos opciones clásicas: el Corte Inglés y el cine. Elijo la segunda y me meto en mi sesión de cuatro de la tarde, rodeada de mis putas de siempre (cada vez más abundantes a pesar de la política de limpieza de nuestro alcalde) y de un número de frikis mayor de lo habitual. Al otro lado del pasillo, se me sienta la loca vieja en la que sin duda me convertiré, llena de ticks, hablando sola y oyendo la radio con los cascos puestos a todo trapo. Empezamos mal y continuamos peor. Al fondo de la sala se sienta un maromo con camiseta-Nadal y cuerpo de botijo que deleita a sus amigos y al resto de la concurrencia con todos los detalles del Real Madrid: historia, fichajes, retransmisión en diferido del partido del miércoles, y una larga serie de consejos que él, cargado de autoridad, daría a Schuster.

Tres zanguangos, uno con cuerpo de McDonald y otros dos con pinta de tener una novia que se llame Jessi, deciden trotar por la sala y cambiar de sitio cuatro veces aprovechando que hay mucho sitio y que hay que airear la neurona única que traen de serie.

Con este mambo recibo como una bendición Bangkok Dangerous. Convencida como iba de que era un ñordo, pues me distrajo, mira tú. Nick sigue sin acertar con la peluca de la Nancy y anda con unas guedejas como de plástico que no le hacen ninguna falta, pero parece que ha bajado la dosis de botox y se le puede mirar con menos asco. Sale mucho Bangkok, del que soy muy devota, y entre éso y que me gusta como dirigen los asiáticos, eché la tarde antes de irme a la sudorina del gimnasio.

Ranking popcorn: 6’75

Publicado por Tormento el 24 de agosto de 2008

Tras bajarme acoquinada de un avión, cabreada como una mona por el tratamiento que el accidente del miércoles en Barajas está teniendo en todos (¡sin excepción!) los medios de comunicación (¿es que han hecho todos prácticas en «radio-patio?) me meto en el cine para ver «Una palabra tuya«. Lamentablemente, la película no «bastó para sanarme».

Sé que insisto más que una maestra antigua, pero una película tiene que autoexplicarse. Si necesito leer el libro, las entrevistas promocionales a los actores y un resumen del argumento para entender su intríngulis vamos mal. Aquí nos enfrentamos a una Alterio amargada que no se sabe muy bien por qué (conozco vidas bastante peores) y una PedreñoCañizares que es una optimista colgada sin motivo (con una vida, esta sí, de mierda).

Imagino lo que subyace tras estos personajes, pero la director y guionista hace agua al dibujarlas. Más bien las desdibuja y hace que no nos conmueva algo que es, en sí, más que conmovedor ni que nos riamos con situaciones risibles. Las dos actrices que, según leo en todas partes, se salen con su actuación, no hacen más que repetir sus personajes de la amargada de Aquí no hay quien viva, y la Cañi de Camera Café. El único que esta creíble, inmenso, es Antonio de la Torre.

Para variar, el cine no está lleno de los onanistas jurásicos, gafapastas o frikis seriales de las cuatro de la tarde. Todo tías maduras excepto un señor que opta por ponerme el pinrel en el reposapiés para amenizarme la sesión. Pena que la peli no fuera «La matanza de Texas«. La próxima vez echaré la sierra mecánica al bolso.

Publicado por Chiqui el 19 de agosto de 2008

Cuando se piensa en Pixar, la productora de animación ligada a Walt Disney, siempre se habla de sus estupendas películas: Toy StoryMonstruos, Buscando a Nemo, Ratatouille o la recién estrenada Wall-E.

Pero cuando vas al cine a ver una de sus películas y justo antes de que ésta empiece, siempre se proyecta otra joya de igual o incluso mayor calidad pero de menor duración. Se trata de cortometrajes realizado por ellos mismos también y que en menos de cinco minutos desarrollan excelentes historias tanto técnica como argumentalmente. Delicias en pequeñas dosis. Sólo por estos cortos merece la pena ver el largometraje posterior.

Además, algunas de ellas se pueden ver en alta calidad. Disfrutemos de ellas mientras podamos y San YouTube nos deje…

Publicado por Tormento el 15 de agosto de 2008

¡Qué fiasco! El caballero oscuro es el paradigma de cómo vender un producto malo, desbaratado, fallido, mal parido. Llevamos soportando críticas laudatorias previo pago de su importe, promociones de gorras, camisetas y demás goodies de esta pelicula en un intento de convertirla en un pre-clásico, que es a lo cinematográfico lo que el doble tirabuzón con marcha atrás de la cosa olímpica: hacer de una película no estrenada una pre-obra maestra aclamada sólo por los pelotas y los en nómina.

Como a los del marketing directo, indirecto, viral y mediopensionista les parecía poco el empacho pseudo-informativo que nos traíamos, han decidido incorporarle la maldición de la momia. Al estilo Tutankamon, han hecho de Morgan Freeman un Howard Carter, de Heath Ledger un Lord Carnarvon moderno y de su «histriónico-hasta-el asco» Joker, un candidato al oscar. Leo en El País del miércoles un artículo innecesario sobre la fascinación por el malo «moderno» ¡hay que jorobarse! en el que se compara a este Joker chepudo de rimel corrido con ¡Hannibal Lecter! ¡Qué tendrá que ver mi Hannibal, refinado, con esta señora vieja repintada!

El guión es simplemente desastroso: la película tiene tres finales sucesivos que hace que el espectador desee haberse quedado en casa. Es el problema de contar con mucho dinero y con muchos buenos actores desaprovechados: en vez de tomar decisiones inteligentes frente a la escasez, te lo compras y te lo pones todo, como una nueva rica hortera llena de marcas y joyones. No se privan de nada: dilema del prisionero on the boat, teoría del caos y el orden y unos rehenes finales que no sabes de dónde han salido y, además, te importa un comino.

Una castaña sin paliativos. Estoy indignada ¿se me nota?

Publicado por Tormento el 10 de agosto de 2008

Ya no me acordaba de lo que era una sala grandiosa de cine. Gracias a la caida de ese ladrillo con el que nos han dado en la cabeza a todos, parece que podré disfrutar un poco más de la sala 1 del cine Callao, uno de los últimos grandes de la Gran Vía. Aún no me he recuperado del cierre del Avenida, el de las escaleras regias, donde se estrenó el Drácula de Coppola hace cientos de años, años en que las ciudades aún no se habían clonado. Al final va a ser culpa de Zara que mi periódico y mis cines favoritos desaparezcan: no se gasta un duro en publi pero si en replicarse en lugares representativos como una invasión de ultracuerpos a base de dependientas sofronizadas. Entre lo aburrida que ando este agosto y lo rara que me queda su ropa, creo llegado el momento de fundar una ONG anti-Zara o así.

Pero yo había venido aquí a hablar de mi película. Fuera del Callao y del azul perfecto del mar de Grecia, un mar como no hay otro, alguien importante de nuestra pequeña historia se moría. Pero dentro estaba yo, culpable y lejana, con una sonrisa lela canturreando, como una Paqui cualquiera, todas las canciones de ABBA.

Es que no se puede remediar, porque Mamma mía es una película en la que te quedarías a vivir. Contiene todos los elementos del verano mítico, removidos pero no agitados. Buena música, color local, velero a todo trapo, noches de verano de batista y francachela y amores varios que son, francamente, lo menos interesante. Es juerga no hortera con música protogay. Vida en estado puro a pesar de que Meryl Streep está chachil, viejuna, fondona, intensa y sobreactuada como de costumbre. La mujer de los mil acentos y las 14 candidaturas a los Oscar debería de dejar por una vez a la mujer del teniente francés y a la decisión de Sophie para desmelenarse como sus dos compañeras de reparto, Julie Walters (también conocida como a Sra. Weasly de Harry Potter) y Chrisine Baranski, que sí que están estupendas. No sabe la pobre Streep que hacer con las plataformas y los volantes de las mangas.

Como galanes maduros, ese Brosnan que tanto me pone, pero que pierde cuando se poner a cantar, y Colin Firth, el eterno segundón y cornudo desde que una vez el Conde Laszlo de Almásy le levantara la esposa.

La pareja joven bastante cursi; el noviete, sacado de High School Musical; y las coreografías las peores pero más espontáneas que he visto en un musical.

Mejor que el prozac. Además ¿cuándo en una película te conceden un bis?

In loving memory: Ignacio 1965-2008

Publicado por Tormento el 5 de agosto de 2008

Hay una regla basica de la literatura: no se puede conseguir emoción con emoción. No puedes dar penita diciendo la penita que te das. Tienes que dar penita a través de una miríada de gestos, hechos y situaciones que transmitan pena sin caer en lo obvio. No es sencillo y estamos hartos de ver penas fallidas, amores ridículos y comedias sin gracia.

No es el caso de Wall-E. Wall-E es una película de amor, sin «necesidad de tener que decir nunca lo siento«; de la rutina post-apocaliptica, sin necesidad de tener un pastor aleman y un laboratorio biogenético en el sótano; de la obesa sociedad americana sin tener que supersize yourself; del consumo compulsivo y del bicho bola que, en vez de interectuar en vivo y en directo con el que tiene al lado, tira del «Tweety» para comentar la faena.

Wall-e no es sólo una gran película de Pixar, sino que es una gran película, a secas. No voy a hablar de la apabullante calidad técnica de esta cinta, porque es tal que te olvidas de ella y sólo te concentras en el personaje que han construido con Wall-e, que es más que la suma de los R2-D2 que le precedieron, más que los personajes del cine mudo a los que parece que le ha robado los gestos. Wall-e es una monada sin ser mono.

Desde que la vi voy por casa diciendo «waaaallllll-eee» con la esperanza de que alguien conteste «IIIIVVVVAAA» y seamos por siempre felices rodeados de crisis y destrucción.

Posdata: Qué sepáis que ésto es un preestreno, aunque Pixar no me haya invitado…

Actualización: Como buena profesional que necesita ver las cosas en la pantalla más grande posible, me he plantado en mi cine de siempre, lleno de niños grandes como yo y de familiares de los animadores españoles (se les reconoce porque se quedan al final de los títulos de crédito y señalan a la pantalla) para ver Wall-E de nuevo y en español (bueno, no hay mucha diferencia porque tampoco hay mucho diálogo). Me ratifico en mi crítica aunque ahora en vez de gritar Waaaall-Eeeee a diestro y siniestro, se me ha pegado a la meninge la musiquilla de Hello Dolly. Un desastre para mis familiares y amigos que han pedido asilo político en el Archipiélago Gulag con tal de no aguantarme. LLegad con tiempo para ver el estupendo corto y no tengáis prisa en iros y dadle dos minutillos a los títulos de crédito.

Publicado por Tormento el 3 de agosto de 2008

Llamo a mi editor que está huido en la Campus Party para ponerme a órdenes. Le repaso al iPhone la cartelera de estrenos y de sus consecuentes críticas, con un resultado propio de la Intertoto: La momia china es, le cito, «insustancial, rutinaria y sosa»; Dejad de quererme, le cuento, se me representa como una nochebuena española, pero a la francesa, que es peor ya que, en lugar de liarse a mamporros, se ponen a disertar usando a Descartes y el plan frances, que si «grand A, grand B» que si «petite a, petite b». «Hellion: el ángel caído«, le leo, «es tan floja que da más risa que miedo». Y así suma y sigue.

Le digo al jefe que o bien la cosa está más xodida que de costumbre, o estoy creando tendencia en el mundo de la crítica cinematográfica. El jefe dice que más bien será lo primero, el muy… Le digo que tengo varias opciones en el sector gafapasta, que en vista del panorama, es lo único que mis nervios alterados por la agostidad al dente están en situación de soportar: un documental de curas pederastas o una cinta de Sidney Lumet.

No cuela y me da la chapa. Hay que ver el megaextreno de la semana, así que rapidito al cine que no llegas a ver La momia 3. Ando por un Madrid desierto y me monto en un autobús desierto. Si el conductor hubiera sido Fred Astaire y mi vida una peli de Vicent Minnelli, nos habríamos puesto a cantar y bailar por el pasillo, enganchados de las barras, al ritmo de «Cheek to cheek»…

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Publicado por Tormento el 27 de julio de 2008

Hoy estoy como el trapense al que le dejaban saltarse el voto de silencio cada 10 años en que podía decir sólo dos palabras. Yo, me voy a exceder.

Superagente 86. Película mala. Palomitas caras. Guión inexistente. Gags encadenados. Espionaje hilarante. Presidente memo. Asiento desnucante. Grapado craneal. Caos calmo. Control deslabazado. Remake infiel. Gasto tonto. Desatención telefónica. Techies vengativos. Risa boba. Kubrick masacrado.

Pues eso: cama dura; comida mala; me voy.

PD. para Rosa J.C.: ¿es ésto shortblogging o que estoy hasta la bata de cola de aburrirme a lo tonto? Mi mayordomo espera respuesta.

 

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