Publicado por Tormento el 6 de julio de 2008

SatanásMe he dado cuenta de algo que me tiene muy preocupada: soy un pecorón de mucho cuidao, de ésas que saca la katana sólo para envainarla con sangre. Sin embargo, cuando se trata de hacer declaraciones amorosas soy un pato mareao. Siempre me lo ha dicho mi padre ¡anda hija que no eres cardo setero!

Creo que con este bagaje debería presentarme a las oposiciones de colaboradora de Ana Rosa, ahora que se le ha casado Belén Esteban con un traje de los de prenderle al lado una cerilla y contemplar como arde la blonda de los chinos. En fin, no me voy a quedar en el chiste fácil de la Esteban que vengo muy tocada del cine y no encuentro palabras para expresar mis sentimientos alocados.

Después de un día dadaista y por culpa de un cliente que siempre, pero siempre, siempre, siempre, le entran las urgencias a las tres de la tarde de un viernes, llego tarde al cine. Me ponen de muy malísima leche los que llegan tarde al cine y, encima, no respetan una norma no escrita de los frikis de las 4, que es que no te pones delante de alguien que esté ya sentado aunque te mole el sitio porque no tienes a Tachenko delante. Si llegas tarde, te jodes y no molestas.

Por este purismo, y por este cliente y otros que desconocen el valor del tiempo ajeno, me he quedado más de una tarde de viernes sin cumplir mi ritual del cine lo que me produce un vacío existencial que acaba con el tueste de la visa por la adquisición de cosas, como supondréis, de primerísima necesidad. Hoy me he cuadrao conmigo misma y me he plantado en el cine con 10 minutos de retraso y ¡he entrado! Y me he quedado noqueada.

Satanás no es la vigesimoquinta revisión del exorcista por guionistas de plantilla y director de video clip. Es una abrasadora película colombiana que relata el decurso de una persona pulquérrima hasta la neurosis que, en su particular día de furia, se lleva por delante a 29 personas. Y lo apasionante de esta historia es cómo está contada, elegantemente, con planos muy medidos. Te agarra la garganta y no te suelta aunque lo intentes. Porque no habla de un asesino, ni es Michael Douglas vestido de Mao pegando tiros por una ciudad.

Habla de cualquiera de nosotros, de lo que se nos ha pasado por la cabeza en alguno de esos días dadaístas que uno tiene, cuando un gilipuertas te falta al respeto o has aguantado la penúltima humillación del lerdo que tienes por ¿marido? ¿esposa? ¿jefe? ¿compañero de trabajo?… Da igual. Y da igual que la acción transcurra en Bogotá porque las tres historias que confluyen en el tiempo y, al final, en el espacio de esta estupenda cinta podrían pasar en cualquier parte.

Me temo que no durará mucho, así que daros prisa si queréis ver algo bueno.

Firmado: Tormi la Positera.


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